Georges Bataille e Documents. Lʹimmagine come théâtre de la cruauté - Giuseppe Crivella




  1. Lʹeccesso della visione come accesso alla visione
Quelle di Artaud e Bataille sono due vite parallele: nati a distanza di un solo anno lʹuno dall’altro – il primo nel 1896, il secondo nel 1897 –, le loro biografie convergono senza mai incontrarsi frontalmente, sfiorandosi appena attraverso il contatto quasi simultaneo e per entrambi diretto e polemico con la sfrangiata pattuglia di scrittori e pittori coagulatasi verso la metà degli anni ’20 intorno alla figura duramente sacerdotale di Breton. Un altro incontro mancato può essere situato inoltre più o meno negli stessi anni presso lʹaccademia teatrale di Charles Dullin, ove militava Sylvia Maklès, a fianco di Artaud, prima di incontrare proprio Bataille, destinato a diventare suo futuro marito. A questo punto le due vite si allontanano nuovamente del tutto, pur lasciandosi dietro le tracce di una gemellarità di intenti che forse aspettano ancora di essere attentamente decifrate (N. Barberger, Le réel de traviole. Artaud, Bataille, Leiris et alii).

In questo scritto naturalmente non ci proponiamo un compito così vasto, ma ci limiteremo a segnalare alcuni punti di contatto che alla fine degli anni ’20 sembrano avvicinare i due autori; partendo da qui svilupperemo una serie di riflessioni su quella che potremmo designare come la fase di gestazione del pensiero di Bataille. Le seguenti considerazioni pertanto, formulate principalmente sulla base della monografia che nel 1995 Didi-Huberman ha dedicato a Bataille, coprono un arco di tempo alquanto limitato, corrispondente più o meno alla durata dell’esperienza di Documents. Ciò naturalmente non va vista come una restrizione arbitraria, ma piuttosto indica una tendenza di ricerca nel corso della quale Bataille mette in campo per la prima volta delle analisi le quali già lasciano intravvedere la solida imbastitura di un pensiero a venire, il quale probabilmente proprio in quei primi scritti trova il proprio mobile radicamento. [...]


Los dones de Nietzsche o Nietzsche leído por Bataille. LA Experiencia Interior - José Miguel Marinas Herreras




"JORNADA FILOSÓFICA:
INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN DEL PENSAMIENTO NIETZSCHEANO"

Apertura d e la Jornada:
Ilmo. Sr. D. RAFAEL VALERIAN O ORDEN JIMÉNEZ
Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid

Conferencia:

“LOS DONES DE NIETZSCHE O NIETZSCHE LEÍDO POR BATAILLE.
LA EXPERIENCIA INTERIOR”
Sr. D. JOSÉ MIGUEL MARINAS HERRERAS
Catedrático de Filosofía Política y Sociología, Universidad Complutense de Madrid

Organiza el ATENEO CIENTÍFICO, LITERARIO Y ARTÍSTICO DE MADRID
y la Agrupación de Retórica y Elocuencia

Presenta: VICTORIA CARO,
Secretaria Adjunta, Agrupación de Retórica y Elocuencia

SALÓN DE ACTOS

19:30

MIÉRCOLES, 20 DE FEBRERO DE 2013

Más información: www.nuestra-agora.com

Politics, Writing, Mutilation: The Cases of Bataille, Blanchot, Roussel, Leiris, and Ponge - Allan Stoekl (1986)

http://g-ecx.images-amazon.com/images/G/01/ciu/9c/5e/e992828fd7a02849ccbb7110.L._SY300_.jpg

Five twentieth-century French writers played, and continue to play, a pivotal role in the development of literary-philosophical thinking that has come to be known in the United States as post-structuralism. The work of Georges Bataille, Maurice Blanchot, Raymond Roussel, Michel Leiris, and Francis Ponge in the 1930s and 1940s amounts to a prehistory of today's theoretical debates; the writings of Foucault and Derrida in particular would have been unthinkable outside the context provided by these writers. In Politics, Writing, Mutilation, Allan Stoekl emphasizes their role as precursors, but he also makes clear that they created a distinctive body of work that must be read and evaluated on its own terms.

DOWNLOAD BOOK

Georges Bataille, à perte de vue - André S. Labarthe (1997)




Un film de André S. Labarthe
1997 - France - 49 minutes - Vidéo

"Comment saisir à mains nues la pensée la plus volcanique du siècle ? Comment approcher par le film ce qui se dérobe à toute approche ?
Comment le cinéma – "art de l’image", dit-on – peut-il accueillir et laisser vivre les images inadmissibles qui tissent des récits tels que "Madame Edwara" et "Le Mort" ?
Bref, comment parler de Georges Bataille dans un film quand on sait ce film impossible ?" André S. Labarthe.


 

Una silla de sangre: Georges Bataille y el surrealismo - Natalia Lorio


http://ce399.typepad.com/.a/6a00d8345257f969e20120a693b00d970c-350wi

"La intención de nuestra ponencia es abordar algunas de las nociones y relaciones que Bataille trabaja en La religión surrealista respecto al movimiento surrealista y la soberanía que implica al apostar a al insubordinación y a la negación del interés material. En este planteo, la infracción soberana que significa el arte para Bataille cobra en el mundo moderno la misma importancia que en otras épocas tenía la religión (cuando era inconcebible la “muerte de Dios”. Si lo sagrado es lo que no puede ser reducido a cosa, ni al proyecto que se inscribe en la temporalidad de la cosa, es porque se asume como realidad profunda. Así, llegará a decir Bataille que puede pensarse el surrealismo como una religión, cuya preocupación “fue encontrar, por fuera de la actividad técnica que pesa sobre las masas humanas actuales, ese elemento irreductible por el cual el hombre solo puede asemejarse perfectamente a una estrella”. En este sentido, la literatura posibilitaría el acceso a una experiencia de lo sagrado, en tanto valor heterogéneo, que implica ese escalofrío que horroriza. Sin embargo, la perspectiva batailleana supone asimismo una mirada pensionada por la constatación de un fracaso, atravesada por la radicalidad con la que nuestro autor pensó las formas de lo bajo, el horror y la muerte".




AMÉRICA desaparecida - Georges Bataille

 
Les Cahiers de la République des Lettres, des Sciences et des Arts, XI: L’Art Précolombien. L’Amérique avant Christophe Colomb, París, [1928], pp. 5-14.

La vida de los pueblos civilizados de América precolombina no sólo es prodigiosa para nosotros por el hecho de su descubrimiento y su instantánea desaparición, sino también porque sin duda jamás la demencia humana ha concebido una excentricidad más sanguinaria: ¡crímenes continuos cometidos a pleno sol por la mera satisfacción de pesadillas deificadas, fantasías aterradoras! Comidas caníbales de los sacerdotes, ceremonias con cadáveres y con arroyos de sangre, más que una aventura histórica evoca los deslumbrantes excesos descritos por el ilustre marqués de Sade.

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Es verdad que esta observación concierne sobre todo a México. Perú representa quizá un espejismo singular, una incandescencia de oro solar, un resplandor, una riqueza perturbadora: la realidad no corresponde a esta sugerencia. La capital del imperio inca, Cuzco, estaba situada sobre una meseta elevada al pie de una suerte de acrópolis fortificada. Esta ciudad tenía un carácter de grandeza pesada y masiva. Casas altas construidas en cuadros de rocas enormes, sin ventanas exteriores, sin ornamento y cubiertas en paja, daban a las calles un aspecto medio sórdido y triste. Los templos que dominaban los techos eran de una arquitectura igualmente desnuda: sólo el frontón estaba todo recubierto por una placa de oro repujado. A este oro hay que añadir las telas de colores brillantes con que se cubrían los personajes ricos y elegantes, pero nada bastaba para disipar una impresión de mediocre salvajismo y sobre todo de uniformidad embrutecedora.

Cuzco era, en efecto, la sede de uno de los Estados más administrativos y regulares que los hombres hayan formado. Después de conquistas militares importantes, debidas a la organización meticulosa de un gigantesco ejército, el poder del Inca se extendía sobre una región considerable de América del Sur, Ecuador, Perú, Bolivia,
norte de Argentina y de Chile. En este dominio abierto por caminos, un pueblo entero obedecía a las órdenes de los funcionarios como se obedece a los oficiales en los cuarteles. El trabajo estaba repartido, los matrimonios decididos por los funcionarios. La tierra y las cosechas pertenecían al Estado. Los festejos eran fiestas religiosas del Estado. Todo se encontraba previsto en una existencia sin aire. Ésta organización no debe ser confundida con la del comunismo actual: ella difería de éste esencialmente, puesto que reposaba sobre la herencia y la jerarquía de las clases.

En estas condiciones, no es sorprendente que haya relativamente pocos trazos brillantes que reportar de la civilización Inca. Incluso los horrores son poco impactantes en Cuzco. Con la ayuda de lazos se estrangulaba a las raras víctimas en los templos, aquel del Sol, por ejemplo, cuya estatua de oro masivo, fundida desde la conquista, conserva a pesar de todo un prestigio mágico. Las artes, aunque muy brillantes, no presentan empero más que un interés de segundo orden: los tejidos, los vasos en forma de cabezas humanas o de animales son notables. Pero en esta comarca hay que buscar en otra parte, y no entre los incas, una producción verdaderamente digna de interés. En Tihuanaco, en el norte de Bolivia, la famosa puerta del Sol ya da testimonio de una arquitectura y de un arte prestigiosos que hay que atribuir a una época muy anterior. De las cerámicas, diversos fragmentos
se unen en estilo a esta puerta milenaria. En suma, en la época misma de los incas, son los pueblos de la costa, de civilización más antigua, los autores de los objetos más curiosos.
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